Pocos días antes de la entrega del Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política hablamos con Capitolina Díaz, que dice sentirse más emocionada que nerviosa. Por la envergadura del Premio y porque son los propios colegas los que han valorado su trayectoria de más de 30 años dedicada a la Sociología con perspectiva de género y su excelencia académica orientada a contribuir a una sociedad más justa e igualitaria.
“Estoy emocionada con esta solidaridad y tantos mensajes y muestras de cariño. Me da la impresión de que mucha gente se ha tomado el premio como algo propio y eso es precioso”.
Desde un enfoque multidisciplinar, su vocación docente y didáctica ha ido aportando, paralelamente a sus investigaciones, una serie de herramientas, pequeñas genialidades metodológicas, a disposición de universidades y comunidad científica. Sirvan como ejemplos el diseño de un software, un traductor al lenguaje inclusivo de cualquier texto, que recibe el nombre de CaDi en su honor. Pero también la creación y puesta en marcha del llamado ‘Test mínimo de género’ para que la investigación sea género-consciente, así como numerosos cursos y formaciones para que el personal universitario tenga claves sobre cómo incluir la dimensión de género en la investigación.
Sigue creyendo que “la brecha de los cuidados es la madre de todas las brechas” y avisa de que, en educación, sí que queda mucho por hacer, que la Secundaria es la clave, porque es donde se forman las feminidades y masculinidades:
“No estamos educando a nuestras hijas, niñas, jóvenes para que sepan ser únicas y primeras. Ni de lejos. Las niñas y mujeres estamos atrapadas en ser agradables. Hay todavía una cierta exigencia en el gustar, en ser amable, y eso condiciona mucho que tú puedas ser como te quieras construir, más allá de la niña buena, bonita y agradable. Creemos que tenemos que dejar que abusen de esa amabilidad. Hay un cierto deseo de agradar, de ayudar, de soportar, de acompañar. Y entretanto, perdemos terreno en lo que es solo nuestro. No estamos educadas para ocupar la centralidad. Solo ocupamos ese espacio central si no molestamos a nadie y tenemos ya hechas todas nuestras tareas de cuidado”.
Capitolina habla con pasión de sus referentes, sociólogas como Maria Ángeles Durán o Inés Alberdi, entre otras muchas. Reconoce que su ejemplo ha sido una inspiración esencial para seguir detectando tendencias, poder encontrar razones y aportar soluciones.
“Considero que las mujeres que nos dedicamos al pensamiento social no nos limitamos a describir instituciones, sino que analizamos cómo estas se inscriben en trayectorias vitales concretas; no estudiamos la economía como sistema abstracto, sino como conjunto de relaciones materiales que producen dependencia, desigualdad y subjetividad; no abordamos el derecho o la familia como esferas normativas autónomas, sino como dispositivos que organizan cuerpos, tiempos y vidas”.
Es heredera de su tiempo, y es consciente de que, en este febrero de 2026, en el que se le concede el premio, la discriminación a las mujeres es algo que se sigue viendo en el día a día, sin embargo, es positiva por naturaleza:
“Hemos avanzado muchísimo, seguimos necesitando la alianza de los hombres, y el cambio en las leyes ya está conseguido. En lo académico estamos muy presentes, en la judicatura y la medicina subiendo sin cesar y también en las administraciones públicas… Recuerdo cómo se reían de nosotras cuando, desde el Ministerio de Igualdad, proponíamos en 2009 un 15 % de presencia de consejeras en las compañías del Ibex… Y hoy superamos el 41 %...”.
Y sin embargo, “la ciencia sigue sin amar a las mujeres”, lamenta. "Por un lado, las expulsa de la universidad y no las selecciona para los puestos científicos. Está hecha por hombres con mirada y ojos de hombres. Te tienes que adaptar a sus reglas y si te sales lo pagas, porque te echan del canon. La ciencia no ve a las mujeres. No puedes amar lo que desconoces”.
Y confiesa que, desde que supo de la concesión del Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política, no ha parado de reflexionar y escribir sobre el papel del trabajo investigador femenino y qué tiene de particular en su aportación a la comunidad científica.
“Las pensadoras sociales devolvieron a la Sociología lo que el canon había dejado fuera: el cuerpo, la vida cotidiana y la desigualdad real. Sin las sociólogas, la Sociología ha sido más abstracta que verdadera. No se permiten mirar desde lejos. Han mostrado que la reproducción social, los cuidados o la dependencia no son temas ‘blandos’, sino estructuras sin las cuales no se entiende cómo funciona el poder ni cómo se producen las desigualdades”.
Y hace un reconocimiento a la labor del Centro de Investigaciones Sociológicas al recuperar el trabajo pionero de mujeres que fueron invisibles en ciencia social:
“No tengo palabras para expresar el valor del legado del profesor Tezanos, una visión que no ha tenido ninguno de sus predecesores. Desde su llegada, no ha dejado de hacer cosas que pongan de relevancia a la mujer en la sociología: buscando la paridad y el equilibrio en la concesión del Premio, reconociéndonos, organizando jornadas, rescatando, traduciendo y poniendo a disposición de ciudadanos e instituciones el trabajo de las pioneras de la Sociología. José Félix Tezanos sí ha tenido la capacidad de vernos”.
Capitolina Díaz Martínez recibirá el 9 de febrero el Premio Nacional de Sociología de manos de Su Majestad el Rey.